domingo, 11 de enero de 2015

Valores...



Hemos vendido nuestros valores al mercado y el ser humano necesita valores a los que asirse emocionalmente y no objetos que consumir.

Ese es el verdadero problema: Hemos dejado que nuestros inmensos, magníficos, preciosos valores sean arrinconados por el consumo. En todos los ámbitos. En la familia, en el trabajo, en nuestro comportamiento como ciudadanos.

Hemos permitido que, siendo ciudadanos, nos conviertan en clientes y, siendo clientes, somos sujetos de derechos, pero no de obligaciones.

Los seres humanos, sometidos al imperio del mercado como límite único de su modelo de pensamiento, naufragamos emocionalmente.

Porque perdemos nuestras referencias. Sentimos que no pertenecemos ni a un tiempo ni a un lugar ni a una comunidad. No tenemos vecinos. Los amigos lo son de forma superficial, renunciamos a la familia porque consideramos que nos aporta más problemas y obligaciones que ventajas.

Todo lo colocamos en la balanza del valor cortoplacista y eso, en la mayoría de los casos, es un error. Un tremendo error. Lo pagaremos a largo plazo. Todas esas renuncias nos convierten en sociedades poco imbricadas. Poco resilientes frente a una agresión.

Nuestro modelo cortoplacista permite dar satisfacción inmediata a un deseo pero ese deseo no te colma de satisfacción y así, el ser humano reacciona de múltiples formas.

Una de ellas es buscar un grupo al que asirse. Una religión, una ideología. El individuo que se siente socialmente agredido necesita del calor de un grupo en el que protegerse.

La solución podría no ser tan compleja: Volvamos a retomar valores.

No todo vale. No todo puede sacrificarse en el altar de los Mercados. No todo puede consumirse. No todo puede monetizarse. No todo valor es tangible ni intercambiable por dinero.

Pensemos en retomar un modelo al que renunciamos hace años: Un modelo que es capaz de valorar los intangibles personales y sociales.

El honor es importante. Y lo es trabajar por la comunidad. También lo es compartir la defensa de la Nación, de la patria. Y lo es regalar algo de tu tiempo al resto de tu comunidad de forma altruista. Y asumir que para disponer de servicios públicos dignos has de pagar impuestos. Que TODOS hemos de pagar impuestos. No valen ingenierías fiscales. No valen elusiones que acaben con la ilusión por un futuro digno para la sociedad en su conjunto.

Si no reaccionamos ya... Un pueblo más joven, con ganas de prosperar. Con valores, con fe en el futuro, nos barrerá.

Aún estamos a tiempo de tomar medidas al respecto. Porque nuestros valores de respeto, de libertad, de solidaridad superan a cualesquiera otros. Porque han costado millones de vidas a través de una historia llena de guerras y revoluciones y eso dota de un valor incalculable a los mismos.

Pero, para ello, hemos de firmar un nuevo contrato social y acabar con aquellos que han hecho del que teníamos papel mojado.

Recuperar nuestro valores... Proteger a nuestras sociedades contra su pérdida. Acabar con aquellos que intenten agredirlos de una u otra forma.

Los verdaderos valores occidentales, que no tienen nada que ver con los Mercados, ¡son tan bellos! ¡son tan necesarios para la humanidad en su conjunto!

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