domingo, 11 de agosto de 2013

Una estrategia para España

La lucha por el acceso a los recursos se va ampliando. Creemos o nos han hecho creer que la crisis que estamos viviendo en la actualidad y ya desde 2007 tiene su origen en los productos estructurados creados sobre hipotecas basura.

Ese es el disparador pero no la causa profunda. Bajo mi punto de vista, esta causa trae razón en el aumento del precio de las materias primas que comenzó un par de años antes.

La imposibilidad de acceso a recursos básicos por parte de millones de personas y el drástico aumento en el precio de los combustibles distorsionó un sistema que, por propia definición, está herido de muerte al estar basado en dos falacias:

  • Los recursos no son infinitos.
  • El crecimiento no puede ser continuo.
En conjunto, ambas aseveraciones constituyen (lo han  hecho ya a lo largo de la historia de la humanidad), el caldo de cultivo de la guerra. La guerra por el control de los recursos escasos. La guerra como válvula de control del exceso de población...

Y, salvo en los conflictos precedidos por procesos revolucionarios en los que, es posible que las clases que actualmente llamaríamos extractivas, sí han podido llegar a sufrir alguna penuria o baja, se trata de conflictos en los que son las clases menos favorecidas las que sufren bajas por miles, por cientos de miles, por millones.

El poder nuclear ha cambiado esto. La guerra nuclear, terrible, es, sin embargo, la más democrática porque, en verdad, yo pregunto: ¿alguien quiere sobrevivir a un conflicto nuclear de alcance global?
Una vez sentados estos parámetros digamos que, filosóficos, que van a justificar el desarrollo posterior de este artículo de opinión, procedo a revisar, de manera sucinta, la situación económica, militar y estratégica de nuestro ahora pequeño país.

Sin duda todos estaremos de acuerdo en que, desde el punto de vista económico, vamos a tardar años, si es que alguna vez lo conseguimos, en recuperar los niveles que dejamos atrás en 2007.

Tampoco es que ese modelo descompensado de producción de riqueza sea deseable en modo alguno. Espero que hayamos aprendido, al menos, que todo enriquecimiento rápido e injusto desde el punto de vista del esfuerzo realizado para conseguirlo, a medio y largo plazo lo único que genera es una sociedad enferma. Una sociedad que se muere al asfixiarse en su propio vómito.

Los recursos que, generosamente, llovían sobre el país no fueron invertidos en la mejora social. En la generación de valor añadido que, en definitiva es la formación, la investigación y la mejora en la eficiencia productiva. Se dedicaron a la obtención de bienes de consumo, en propiedades hipotecarias cuyo valor, como tristemente hemos sufrido, sí puede caer por debajo del de compra...

El segundo aspecto que he de señalar para poder argumentar sobre el objeto de este artículo es el de la posición estratégica de España en el mundo.

Un país cuya territorialidad sufre de diversas amenazas. Unas internas, con el progresivo deterioro del contrato constitucional firmado en el ya lejano 1978, que viene inducido, según mi opinión, más por problemas de índole económico que por un verdadero sentimiento nacionalista. Al menos hasta el momento aunque la degradación se acelera.

Otras, externas. Ceuta y Melilla. La eclosión de movimientos yihaidistas que ponen en su objetivo la recuperación de Al Andalus, el traslado de estos movimientos a la zona del Sahel, tan próxima a nosotros. El fracaso de los movimientos de supuesta regeneración democrática de los países árabes del norte de África y su progresiva deriva a la configuración como sociedades islámicas ¿moderadas?

Todas estas amenazas se encuentran a pocos kilómetros de nuestras costas y, en el caso de Ceuta y Melilla, con una frontera territorial.

Además de todo ello, la práctica desaparición de la ayuda humanitaria a los países subsaharianos está induciendo un enorme movimiento migratorio cuyo destino final es la vieja Europa y España se configura como el punto de entrada natural para ello. La presión migratoria, en los próximos años, me temo que será motivo de conflicto grave.

Como vemos, todo son malas noticias. No se atisba nada bueno en el horizonte y España se enfrenta a estas amenazas en una situación crítica tanto económica como social.

No disponemos de recursos ni diplomáticos ni militares, para defendernos de estas amenazas. Bien es verdad que, al menos de momento, disponemos del paraguas de la OTAN en el ámbito militar y de la UE en el político y económico pero me pregunto hasta dónde llegaría esa protección en el caso de que el riesgo al que se enfrentase España fuese el de la pérdida de Ceuta y Melilla. 

Dudo que nuestros socios se involucrasen más allá de la acción diplomática y el apoyo logístico para sacar de ambas ciudades a los ciudadanos españoles.

Visto todo lo antedicho me pregunto: ¿Cual podría ser nuestro elemento de valor añadido con capacidad para enfrentarse a la arrolladora presión de unas sociedades jóvenes, desesperadas en muchos casos, demográficamente muy potentes y que, como no podría ser de otra forma, intentan acceder a los recursos y calidad de vida de que disponemos las sociedades occidentales avanzadas?

Llamemos a las cosas por su nombre: La guerra está a nuestras puertas. Solo puede salvarnos la ciencia y la tecnología. De una u otra forma y, mientras ello ocurre me planteo si no será necesario que España denuncie cierto tratado internacional para poder disponer de soberanía propia con el fin de disponer de una oportunidad con la que enfrentarse a las amenazas que ya se atisban en el horizonte...

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